jueves, 19 de abril de 2012

Entremés en el Parque María Luisa


Cuentan que a las espaldas del museo de Artes y Costumbres de Sevilla hay tres palmeras cuya planta es un triángulo equilátero y cuyo vértice superior, dirigido por sus troncos y copas como aristas, genera una pirámide invisible, una pirámide perfecta. Puede percibirse, si se busca, una pirámide egipcia en el Parque Maria Luisa de Sevilla.
La invisibilidad de esta pirámide invisible permite observar fenómenos extraños en su base. Es un lugar único y accesible a personas y animales. Los egipcios sabían sobre pirámides, Piramidología e imaginación.
Como observador patatero de vello y grafito se me ha permitido observar fenómenos singulares que no provocan dolor propio o ajeno. Fenómenos de paz. Una de las historias que he observado surge una mañana caminando hacia la biblioteca para mover libros, escribir y ver tías buenas. Libido animal, escusa de paseo, pérdida de tiempo y vida, pacífico vago.
Al igual que una musa, la pirámide invisible genera situaciones mágicas y escenas narrables para el narrador que se preste. Magia en el parque Maria Luisa. Magia observada.
Pues yendo a la biblioteca una mañana, como decía antes, observé a un indigente, siquiera en apariencia, que estaba tumbado en un parterre de césped cercano a un camino de albero. El hombre observado dormía plácidamente con sus pies desnudos hacia el sol. Un sol que alumbraba su piel oscura de plantas y tobillos, mientras descansaba horizontal con la cabeza apoyada en su mochila. Todo un desafío hacia sus cervicales. Lo miré unos segundos, tuve la tentación de hacerle una foto y escribir sobre la palabra: libertad, antes que sobre la palabra: pobre. No hice nada de eso. No fui capaz de sacar la cámara y fotografiar ese momento. Me daba grima fotografiar personas ese día.
A la vuelta, que viene a ser un par de horas después, miré el lugar y , para sorpresa mía, en el lugar había dos rubias impresionantes tomando el sol, no ha lugar a que fuesen de bote. ¿Importa?
Además de babear y detenerme tuve la tentación de hacer una nueva foto y titularla: sexo opuesto y hormonas. Pero tampoco fui capaz de fotografiar nada, ni antes ni después de que una de ellas observase al observador. Sin ser observador observado, y siéndolo, me quedé congelado en el espacio-tiempo. Desde entonces, solo desde entonces, tengo lumbalgia.

¡Qué dolor todas la mañanas!
¡Qué rubias tomando el sol en tirantas!
¡Qué sol de primavera!
¡Qué tensión!
Tanta tensión...
¡Qué aún estoy tieso!

Libido, dolor y quietud.
Paranoias del sur.

6 comentarios:

  1. Anónimo20/4/12 8:26

    "¡Qué aún estoy tieso!"

    Carenado con cara de susto al mes de haberse tomado la viagra.

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  2. Anónimo20/4/12 8:28

    "La invisibilidad de esta pirámide invisible permite observar fenómenos extraños en su base."

    ¿Ya has vuelto a esnifar pegamento?

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  3. "...después, miré el lugar y , para sorpresa mía, en el lugar había dos rubias impresionantes tomando el sol".

    Entonces es cuando te atreviste a sacar la cámara...

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  4. "...ni antes ni después de que una de ellas observase al observador. Sin ser observador observado"


    La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante...

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  5. "Cuentan que a las espaldas del museo de Artes y Costumbres de Sevilla hay tres palmeras cuya planta es un triángulo equilátero"


    También cuentan que hay un tipo con gabardina que se esconde en los setos para fotografiar a las tías que toman el sol.

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  6. The Tirolinien News21/4/12 18:29

    Inexplicable migración en masa de las palomas del parque. Según varios testigos salieron todas volando despavoridas ante la visión de un tipejo que apareció desde detrás de una estatua abriéndose la gabardina y gritando "cu-cú" a un par de turistas americanas. Se le busca activamente peinando el recinto con la División Acorazada Brunete, cazas del ejército y voluntarias del grupo Moralidad para la Tercera Edad armadas con agujas de hacer punto.

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