sábado, 24 de marzo de 2012

Idea Gratis: calcetines emparejados


Tengo una nota en mi pizarra de recuerdos pendientes que me dicta a diario las cosas que se me ocurren y no he expresado aún. Como soy amigo del esfuerzo, antes que de la originalidad, pues subo cosas gratis que me cuestan un par de horas, más o menos. Patatera ironía.

¿Por qué no usar mi ociosa enfermedad mental en crear ideas e imaginar cosas?
¡Es divertido!
¡Es un goce subsidiado!

Es muy cierto que cuando vuelva al trabajo que sea tendré que olvidar mi imaginación perturbada y dedicarme a subsistir de nuevo. Pobrecito el Albertito. Snifff. Mejor es que trabaje a que escriba tonterías. Pobre animal "tecleador", un desgraciado que llora solo en el alambre de la supervivencia.

¿Qué precio tiene crear o imaginar cosas?
Ninguno. Y si no sabes venderte menos aún.
¿Por qué hay que venderlo todo?
¿Por qué todo tiene un precio? 
¿Qué puede crear alguien que no puede comunicar sus ideas? ¿Alguien que no puede venderlas?

En el sistema que tenemos la respuesta a las dos últimas preguntas es: nada. Aún existen mil millones de personas con capacidad de crear, también destruir, que no tienen acceso a la educación o comidas frecuentes.

¡Vaya mundo este!

En fin...Dejo un poco esta mezcla entre grito y llanto y vuelvo a la idea del otro día. Esa idea que tengo en la pizarra desde hace tiempo. Para iniciarla quiero recordar que la fregona, patentada por un español de no se donde, se inventó en Nerva. La inventora fue una mujer con problemas de espalda que como no podía agacharse ni ponerse de rodillas, forma en que se fregaba el suelo junto a un cubo, decidió, para no ser una guarra, colocar un trapo, que mojaba en el cubo, al final de un palo de madera. No conozco más detalles pero si puedo expresar ,con dolor plasmático, que esta señora, que estaba lisiada y, repito, no quería ser una guarra, fue considerada, en su momento histórico, como una vaga y como una ridícula. No es que me considere esa señora, de momento no me he cambiado de sexo, pero a fecha de hoy aún existe mucho miedo al ridículo. Que vamos a hacerle. Quizás el miedo al ridículo es comparable al nivel de sinvergüenzas. Pero eso, eso, son otras historias de homínidos. 

La idea gratis de hoy surge de mi propia necesidad de hombre soltero con ciertas incomodidades. Voy a llamarla la idea de los calcetines electrónicamente emparejados.
Llevo viviendo en mi piso unos catorce años, le tengo cariño, es mi rincón, mi cueva compartida con vecinos, y vecinas, en las zonas comunes o de encuentro. Si hay algo que me molesta al hacer la colada es emparejar los calcetines recién salidos de la lavadora. Usando una de las frases favoritas del supercopy, que es un "caaabron", puedo conseguir hacerme entender a la perfección:
- ¡Emparejar calcetines es un coñazo!
Aunque usar tacos es de mal educado, o de persona sin formación, no puedo ignorar la liberación que supone su uso. Y las ganas que tengo de liberarme de esa lacra del emparejamiento actual de calcetines me lleva a esta idea sencilla, y posible, de: los calcetines electrónicamente emparejados. Idea ridícula pero expresable y, para mí, necesaria e ideal.  
Para expresar esta idea retomo una de mi amigo Is, conspiranoico e imaginativo donde los haya, cuando habla de los chips RFID, o como se llamen. 
Esta idea tiene varias opciones a partir de un mismo tipo de tarjeta RFID identificativa a corta distancia. Antes de esas opciones habría que insertar en    cada pareja de calcetines una codificación normalizada e idéntica, me da igual cual sea. Si no está patentada mejor porque todo será más barato. Cada par del calcetines tendría una identificación única insertada en la parte menos problemática de todo calcetín: la zona del tobillo. Zona donde estaría insertada la tarjeta de emparejamiento perpetuo de todo calcetín emparejado electrónica-mente. Codificada cada pareja de calcetines para toda su existencia programada, que desearía que fuese mayor en el tiempo antes que menor, llega el momento de las opciones de detección:

- Detección musical. Al pasar el calcetín por el sensor RFID suena una tonadilla breve que cada calcetín comparte con su pareja electrónica. Habría que optimizar el número de notas mínimo y su tiempo o duración. 
- Detección luminosa. Al pasar el calcetín por el sensor RFID surge una sucesión breve de colores que solo comparten un par de calcetines entre miles. Habría que optimizar el número de colores óptimo y su tiempo.
- Detección mixta donde mezclaríamos música y luces, teniendo en cuenta que cuando emparejamos calcetines queremos terminar pronto pero sin estrés.

Investigar estas  opciones es lo realmente importante porque la idea en sí es una chorrada como la fregona.

¡Creemos ideas gratis!
Y valoremos el esfuerzo ya. 
Estoy cansado de egos, súper egos y dioses en la tierra.
¡Emparejemos calcetines musicales y luminosos!
¡Que broten las ideas de las personas originales!
¡No marginéis a los marginados!

Como decía mi profesor de matemáticas del instituto:
¡Ojo! 
¡Perro! 
¡Muerde!

Posdata: se entiende que el tamaño de los chips RFID que hay en cada calcetín debe ser pequeño y estar preparado para ser lavado con frecuencia junto a su pareja. Algo barato y tecnológicamente posible.

5 comentarios:

  1. ¿Y por qué no los lavas con los pares cogidos por una pinza de ropa?

    Y como siempre te digo, ten cuidado al agacharte para abrir la lavadora.

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  2. "¡Emparejemos calcetines musicales y luminosos!"


    En principio solo voy a poner microchips lavables a los calcetines que uso para la danza cósmica.

    Aunque también sería muy buena idea que insertaras microchips de seguimiento en tus calzoncillos. Así sabrías en que lugar de la Biblioteca te los dejaste.

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  3. Directora de la Biblioteca Pública Infanta Elena24/3/12 16:18

    Lo cierto es que por culpa de Carenado hemos tenido que comprar un detector de palominos.

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  4. porculero25/3/12 0:41

    y porqué no te los compras todos iguales?

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  5. Porque es aburrido. Todas las mallas que tengo me las compré iguales y es un rollo.

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