
Parte I. Enfadado:
He visto monos dirigiendo mi vida.
¡Los he visto!
Ignoran que la “eternidad” que buscan es falacia. Pura falacia. En la limitación de su propio ego encuentran reconocimiento.
Es ese ser llamado “éxito”.
El bien amado y deseado.
El que muchos queremos. Estoy cansado de tanto examen, de tanto jefe, de tanto “representante de sí mismo”. Estoy harto; lo siento.
¿Qué es el conocimiento?
¿Acaso lo sabéis?
Me parece que No. A mi se me está olvidando eso que llaman saber; me estoy adaptando a este mundo. No me gusta la idea. Lo siento.
Parte II. El éxito:
El reconocimiento es como una “piquina” o urticaria. Te rascas y pasa. Después vuelve con ansia otra vez, y te pasas la vida rascándote. Solo piensas en rascarte cada vez más. Es un bucle como los de Cris.
Lo importante es ser uno mismo. Y eso da miedo. No es fácil ser, es mejor juzgar. Los que juzgan no te dejan ser en su permanente análisis de los actos ajenos. No te dejan los demás y, a la postre, no te dejas a ti mismo. Al final, cuando pasan los años, te das cuenta de que no puedes estar solo. Que los otros son importantes. Que los otros son necesarios. Que esto es lo que hay aunque no te guste porque tienes que convivir entre heces. Al final lloras e, incluso, ríes por no hacer lo primero.
Parte III. Hay que crear:
Cread. Crear de una vez. Creed de una vez en vosotros mismos. No busquéis la primera posición; buscad vuestra posición. No busquéis la fe externa. Creed en vosotros. Cread para vosotros y para los demás. Cread por el placer que supone.
Yo no quiero competir. Estoy cansado. Se me olvidó el ser. Lo he perdido.
¿Sois vosotros?
¿Yo soy?
...
¿Demagogia?
Parte IV. El pasado:
Parte IV. El pasado:
El pasado fue, el presente es. ¿Tú eres?
Recuerdo lecturas de los clásicos griegos. Tenían tiempo para pensar y lo hicieron. Esa es la huella de la reflexión. Tenían sus maestros, idolatrados, y sus esclavos…
Hoy. Ahora.
¿No se puede pensar como los filósofos griegos?
Y, dando un paso más que ellos…
¿Olvidarnos de los ídolos? Y ¿Olvidarnos de los esclavos?
¿No podemos pensar todos?
¿No es más fácil imitar que ser?
¿Por qué alimentar la condescendencia?
¿Necesidad?
Estoy cansado de luchar contra los molinos de viento. Cada vez son más grandes y numerosos. Ya no se ven ni las aspas. En su giro, se pierden en el horizonte. En el horizonte de la codicia y del egoísmo sin frenos.
Demasiados Dioses y pocos Humildes.
¡Desorden!
Desorden cavernícola, fuera de las cavernas de la historia y del tiempo.
Parte V.Firma:
Constantino Carenado desde el olvido del fracaso. No mi fracaso (joderos), si no el de todos. Todos los que, realmente, dicen pensar y, en verdad, no piensan. Hipócritas.
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