25 de mayo de 2016

Por Imperativo Fisiológico



Por cosas del destino, supongo, el otro día ,sin ir más lejos, me paró la guardia civil y , aunque no me guste escribirlo,me multó con cierta razón. Voy a escribir las circunstancias que rodearon el hecho de ley pues, sinceramente, fueron cómicas.

Este tipo de cosas las había visto en películas pero no me imaginaba que pudieran ocurrirme a mí, a Constantino Carenado, a un bicho con alma buena que respeta mucho el código de circulación, que se preocupa por la seguridad vial.

Eran las doce del medio día de un día primaveral, o sea hace poco. Había desayunado tranquilo en un área de descanso, realizado tareas de mantenimiento del vehículo, y me encontraba a unos doscientos kilómetros de Valencia. Al poco tiempo de salir del área noté cierta presión en la vejiga, pero no era muy intensa sino muy suave. Dado que había hecho pocos kilómetros hasta ese momento decidí esperar un poco, y al recorrer unos cincuenta kilómetros más de la autovía vi ,a mi derecha, una nueva área. Pensé un poco, revisé mis alarmas corporales, y consideré que aguantaba hasta la próxima área, unos cincuenta kilómetros más.
El tiempo y los kilómetros fueron pasando tranquilos hasta que de repente lo que antes era una ligera presión comenzó a ser mucha. El nuevo área, evidentemente, comenzó a estar más lejos cada vez. Más lejos en kilómetros y tiempo. Lo segundos fueron minutos, y los minutos horas.
- ¡No puedo! -me dije.
-¡No llego! - también.
En esto apareció un indicador vial dictando que la próxima área estaba a tres kilómetros. ¡Tres kilómetros! Cuando iba llegando, tras modificar las condiciones del espacio-tiempo que paralizaron el indicador diésel de la furgoneta,  el área de descanso no estaba paralelo a la vía, sino en otra ubicación tras varios caminos y rotondas.
-¡Qué no puedo! ¡Qué me meno! ¡Qué me meno!
Salí de la autovía.  Tracé la primera rotonda. Subí un puentecito y al bajar noté que la próstata no podía aguantar la presión. Sentí que estaba goteando e iba a orinarme encima de los pantalones, y del sillón.
-# ¡Eso no!¡ Eso no! - grite dentro de mí.
Paré a la derecha de la carretera que llevaba al área, y dejé la linea continua del  arcén a la izquierda de la furgoneta para que no impidiese la circulación, para que no estorbase. Descendí corriendo y miccioné con tal intensidad y lugar que , como si fuese Mister Been -o como se escriba-, me manché los tubos de los pantalones . Son las cosas de orinar en el asfalto.
Subí a la furgoneta y tras restregar los tubos con pañuelos de papel los impregné con una colonia añeja que llevo en la furgoneta para buscar buenos olores en el interior del vehículo, o buenos olores en general. Cuando me dispuse a salir, apareció por detrás la guardia civil con las luces encendidas y, disciplinado y directo, un agente se bajo para pedirme la documentación.

- Buenos días.
- Buenos días.
- Usted no puede estar aquí.
- He tenido que bajar a orinar. No podía aguantar.
- Tiene un área aquí al lado. Puede usted darme su carnet de conducir.
- Si, tome... Es verdad. No me ha dato tiempo a llegar. Es la verdad. Si quiere le enseño la micción en el borde de la carretera. Me iba a orinar en el sillón.
- Tiene un área aquí al lado.
- Lo sé. Lo sé. No me daba tiempo.

La conversación siguió por los mismos derroteros, incluso variaciones de incontinencia o algún problema fisiológico. También llegó a preguntarme qué a dónde iba. Le dije que iba a Valencia y estaba ahí buscando el área al que no había podido llegar. Cuando apareció con la multa le dije medio en broma , medio en serio: - ¿Puedo firmar en el documento que fue por imperativo fisiológico?
No se rió, ni se ofuscó conmigo, pero me dijo que los camioneros, para evitar estos problemas, usaban botellas. Argumentó que no era de mucho decoro orinar en una botella y que había que evitarlo.


¿Qué dice el código de circulación ante estos eventos?
¿Si uno no planifica bien las paradas tiene que hacérselo encima?
¡Debe haber alguna solución constructiva!
¿Botella de emergencia para los varones?
¿Y para las mujeres?


Posdata 1: Cuarenta euros tendré que pagar si pago pronto, y con cierta consideración del agente, según parece. Gracias desde aquí. A partir de ahora me pararé más a orinar. Mis acompañantes van a odiarme. ¿Tendré incontinencia, o fui muy bruto? 
Posdata 2: Ha sido la micción más cara de toda mi vida.

24 de mayo de 2016

Aviones Cisterna "Duracell"


Por extrañas circunstancias aparentemente deseadas estoy haciendo uno de mis viajes en busca de Jacarandá, la princesa del Levante. Durante el camino, para amenizarlo y convertirlo en pequeña aventura, voy visitando diferentes lugares como los parques naturales del Despeñaperros y de las Tablas de Daimiel, y , a modo de colofón, la ciudad de Valencia que no conocía y de la  que tanto se escribe en los medios.

Durante todo el recorrido, cuando el cielo lo ha permitido, he observado aviones cisterna sembrando el cielo. He flipado, y aún flipo. Evidentemente, como he dicho en otras ocasiones, no es un asunto contra el que esté en desacuerdo, sí se está intentando modificar el clima local de alguna manera razonable entre las posibles, lo que me molesta , y mucho, es la ausencia total de información en los medios. No lo comprendo. Es cierto que el conocimiento en prensa , y su justificación, podrían generar polémica pública pero unos buenos debates ,como los debates políticos, resolverían el entuerto.

Sobre las Tablas de Daimiel observé estas estructuras posteriores a los halos que crecen.


Y sobre Valencia, curiosamente, fotografíe cruces en el cielo caminando por el Estadi del Turia que, por cierto, estaba hasta arriba de gente paseando y haciendo deporte por el exterior de las pistas de atletismo, junto a deportistas trabajando sus cuerpos dentro del estadio . Observe movimiento y vida abundantes. Me ha gustado. Me gustó.

   

Dada mi pequeñez Carenada , y sus limitaciones, alucino con la magnitud de este proyecto medioambiental, o lo que sea, y su ninguneo en los medios de comunicación de masas. ¿Por qué? ¿Por qué están metidos los conspiranoicos? ...No me lo creo. No se trata de eso. Se trata de que los periodistas sois incapaces de comunicar la verdad de lo que sucede a los ciudadanos y su porqué. Nadie lo está haciendo bien.

Os recuerdo a los periodistas que sí realmente sois el cuarto poder , deberíais  recordar la veracidad, además de las concisión y la claridad en vuestros trabajos periodísticos.  Y la siembra de cielos es un asunto de interés general.

Encima, los meteorólogos no dicen nada de estos asuntos, cuando éticamente deberían ser los segundos en hablar de la implementación de esta tecnología sobre las cabezas de los españoles, entre otros ciudadanos europeos que están debajo de los ensayos o experimentos aéreos. Siempre y cuando sea control del clima, claro.

Saludos.

Posdata: Por primera vez hago algo de publicidad en el título de esta entrada porque este proyecto de siembra de nubes sigue, y sigue, y sigue... Como los conejitos Duracell respecto a los que llevan pilas de la competencia. ¡Sembradores! ¡Que sois muy seguidos! ¿Quién paga las facturas?

23 de mayo de 2016

La Obsolescencia Programada Y El Reciclaje. ¿Absurdos?


Hace unos días hablando con un vecino al que aprecio me dijo algo interesante que va a alimentar esta entrada vomitiva de hoy. Antes de expresar lo que dijo el vecino con toda la razón del mundo, quiero teclear que me resulta difícil escribir cosas bonitas ante tanta frustración propia y ajena, ante tanta dependencia del dinero aunque ofenda, ante tanta hipocresía y egoísmo generalizados.  Como tecleador que hace casi lo que le da la gana, casi, no puedo permitirme dar pomada, o hacer la pelota, a todos los que paséis por aquí alguna vez. Ya he hecho la pelota en multitud de ocasiones y no ha sido a Jacarandá, a Ele, a Elle, o a Eme...sino a ex-jefes que tuve en el pasado a los que pretendía tener contentos. No a todos mis ex-jefes, pero sí a muchos de ellos. 

Expresada esta  autojustificación tan recurrente en este entorno, voy al grano. Mi apreciado vecino me dijo con la batería descargada de su moto en la mano:
- Estas baterías de plomo las hacen para que duren dos años y , encima, hay que reciclarlas o llevarlas a un punto limpio.
- Un compañero de trabajo dice que ahora duran menos que antes pues han reducido masa en cierto punto de cada célula - siguió expresándose.
- No tiene sentido. Es absurdo.- termino sus tajantes argumentos, nos despedimos, y se fue con su batería de vida agotada.

El asunto de la obsolescencia programada ha dado mucho que hablar y escribir. Creo, incluso, que ya hablé de ella en alguna ocasión en este entorno gris que antes era amarillo. Tras esta conversación con mi apreciado vecino voy a escribir mi opinión actualizada al respecto.
Es tremendamente coherente expresar que nuestro sistema socio-económico es demencial, paranoico, estúpido... o hipócrita. ¿Por qué se insiste tanto en el reciclaje, sí muchos productos tienen la vida limitada artificialmente?
Para evitar ambigüedades decir que me gusta la idea del reciclaje, pero la idea de un reciclaje inteligente antes que estúpido. Y un reciclaje estúpido es reciclar por reciclar , pudiendo reciclar menos.
El sistema fomenta el consumo al máximo, incluso más allá de la obsolescencia normal de los consumibles. El sistema compensa ese despropósito puramente económico con la idea romántica del reciclaje. Hay que plantearse sí la idea del reciclaje en muchos casos, que no en todos, no es más que una política hipócrita.
Parece evidente que solo importa el dinero, no importan las personas, mientras puedan consumir. No importa el medio ambiente mientras pueda seguir dando materias primas para generar productos consumibles con transformación, manipulación, o sin ellas. Esta contradicción evidente entre obsolescencia y reciclaje demuestra como funciona nuestro mundo y las prioridades que hay en él. Y, desgraciadamente, seguimos sin poder hacer mucho para cambiar tanta estupidez...

Pero nada nada, no. Hay muchas personas que están mejorando el mundo exterior haciendo el bien a los demás, y hay otras muchas personas que están mejorando su mundo interior desde la oración, o desde la meditación. Gracias por vuestra ayuda.

20 de mayo de 2016

Pecados Capitales Caducados.



Me gustaría cerrar el tema de los pecados capitales con una entrada a modo de conclusión de saga. Una conclusión que, inevitablemente, pretenderá resumir la implicación moral, o ética, de los pecados capitales en el mundo de hoy. Tal como lo veo yo, evidentemente. Tal como lo ve un animal “tecleador” ,entre muchos, de este presente histórico ,en cierta forma y manera, repelente.

Leyendo la revista Muy Interesante, 419 Abril 2016, he percibido que hay que entender como normal que haya ajustes de cuentas, escarmientos espectaculares, vendettas, desquites... “los grupos que cuentan con vengadores de injusticias muestran mayor capacidad de adaptación,...” “el rencor acumulado durante mucho tiempo es uno de los factores que pueden desencadenar una depresión” El mismo artículo que expresa lo anterior como algo normal, pero poco recomendable, expresa 10 consejos para no amargarse con rencores y resentimientos. Y hay uno en que Constantino Carenado está cebado ,entre otros, y, curiosamente, es la autocompasión o el victimismo que la revista, o el autor del artículo, consideran como no recomendable, o nada recomendable. “El victimismo dificulta la solución de problemas”. Por qué introduzco este asunto de una de mis revistas favoritas, junto a Investigación y Ciencia, para concluir la saga de los Pecados Capitales. Básicamente porqué se ha producido la coincidencia del victimismo sistemático de mi personaje, llamado Constantino Carenado, con este artículo de la revista Muy Interesante, y con esta conclusión Carenada de la saga.

Él, Constantino Carenado, es víctima perpetua de las cosas que pasan dentro y fuera de él. Las internas duelen y las externas, también. Evidentemente no puede obviar que vive en un mundo donde hay muchas más víctimas que verdugos...
Un mundo injusto ,como el nuestro,necesita víctimas sí o sí, y que Constantino Carenado sea autocompasivo es expresión de sus fracasos, y de los fracasos del sistema social en que está inmerso. Obviar el problema , al no poder solucionarlo, sería de insensatos. Considero necesaria la autocompasión del mundo a través de un personaje como Constantino Carenado . A través de cierto arte sin calidad cuantificable.
Es el arte, o la expresión artística, una de las herramientas más útiles con que se puede escribir sobre un mundo absurdo donde los abusones se han pertrechado en su vanidad y masacran personas por dinero, por ideas, por recursos,...por mercado. ¡Es demencial! Y necesito autocompadecerme de mi mismo como miembro de una especie estúpida. Constantino Carenado es autocompasión homínida animalizada. Por eso decidí en un momento determinado salir de mi condición de humano para ver un poco mejor desde lejos, y desde abajo. Para ver, inevitablemente, mucha estupidez por doquier.

Los pecados capitales no dejan de ser un referente moral del que nadie que conozca , o haya conocido durante un tiempo, se salva. Es decir, todas las personas que he conocido son , de una u otra forma, pecadoras. Entiéndase que no he conocido a nadie que no caiga en alguno de los pecados llamados capitales. O los Pecados Capitales son propósitos morales demasiado altos, o no se elaboraron para nosotros. 
Ya lo decía Chiquito de la Calzada: ¡Pecadolll de la pradera!
Sí reconozco, y tengo que escribirlo, que sí he conocido personas que buscan la rectitud moral ante todo, que se esfuerzan sobremanera ante sus propios instintos y deseos, que desarrollan un esfuerzo tremendo por realizar su apostolado misionero o seglar, que buscan cierta coherencia moral en sus vidas. Los he conocido, y he disfrutado de sus propósitos, pero no he podido dejar de percibir algún defecto o pecado capital en ellos, o en ellas. Quizás haya sido mi envidia. Es posible. Es lo que puedo escribir. Queda claro que el que escribe esto es un pecador de tomo y lomo. No tengo dudas al respecto aunque familiares próximos, en su ignorancia, consideren que soy demasiado bueno. ¡Ja!

Siendo sincero no considero que en este momento histórico, con tanto materialismo y teórica libertad política y religiosa en algunos países del mundo, tenga mucho sentido pensar en los pecados capitales y su utilidad en las sociedades modernas. Pensar en ellos sirve para poco, pues en las sociedades modernas de la globalización pensar por pensar, o filosofar, no está de moda porqué no da dinero, trabajo, ni negocio, salvo para unos pocos que trabajan en las facultades de Filosofía .Dichosos ellos. Digamos que pensar por pensar no es productivo, y hay que evitarlo en lo posible. Es demencial.

Señores psicólogos. ¿De verdad que la autocompasión no sirve como recurso para un miembro de una especie humana que amo, y que no puedo cambiar a mejor? ¿No serán ustedes conservadores del estatus quo? ¿No serán ustedes la nueva inquisición?

Deben buscar y ayudar a la liberación del hombre, antes que a la justificación del hombre de hoy. Deben buscar lo difícil, antes que lo fácil.  

14 de mayo de 2016

Antes que Orgullo, Vanidad.

Los pecados capitales van tocando su última campanada. Entro, inevitablemente, en el orgullo. ¿Y qué puedo decir sobre el orgullo? Pues ,sinceramente, no mucho ni muy claro, pero voy a intentar escribir algo sobre él. La verdad es que leyendo su definición en el diccionario de la RAE de 1992, existe un orgullo que puede nacer de causas nobles y virtuosas. ¿Entonces? ¿Es un pecado, o no? ¿No sería mejor cambiarlo por la palabra vanidad? Ya empiezo con los bloqueos semánticos, y no semánticos. Redundo con otra frase: ¿Es pecado sentirse orgulloso de una tarea bien realizada?


Por razones personales, limitadas a esta entrada de hoy que presenta su ambigüedad en mi mundo de conceptos Carenados de carácter paranoico, voy a escribir sobre la vanidad a nivel general y a nivel particular. Voy a encontrarme más cómodo escribiendo sobre el pecado de la vanidad. Queda claro que en cualquier momento podré estar equivocado, pero es lo normal en este entorno. Asumo que cuando pienso y opino puedo estar equivocado, pero ambas cosas, pensamiento y opinión, son necesidad. Son necesidad Carenada en tiempos absurdos, en tiempos como los de hoy.

Un siervo de la edad media no se planteaba muchas cosas. Un siervo de hoy tampoco se las plantea, aunque piense que es más , o es distinto, al siervo que vivió en la Edad Media. Son las cosas del egocentrismo del ahora. La adaptación patatera del homínido es así, y entiéndase como patatera a una forma semejante a la de una patata. No pienso que seamos muy diferentes a los hombres y mujeres que vivieron en la Edad Media. A buen seguro eran resistentes a los cambios, o a las visiones distintas sobre la vida. Seguro que eran tan mediocres como nosotros, siquiera la mayoría de ellos.


A nivel general la vanidad está presente, pero no siempre es bien considerada socialmente. En cierta forma y manera las personas vanidosas son criticadas públicamente. Se las considera arrogantes, ególatras, repelentes... Es una actitud que es considerada un claro defecto en la personalidad del vanidoso, o de la vanidosa. Pecador o pecadora de facto.
El orgullo sí es más entendido y respetado socialmente. Se ve bien sentirse orgulloso de ganar un mundial, de ganar un concurso, de pertenecer a la academia de la lengua, etc.... ¿Será un pecado capital con trampa? No percibo el orgullo como pecado y lo he derivado a vanidad, pero ...¿Será un pecado evidente que yo no veo? ¿Estaré absorbido dentro del orgullo, y por eso no puedo reflexionar con claridad ?


Particularmente me considero orgulloso de mi opción vital pese a todas las razonables críticas, y pese a mi pobreza. Dada mi media centuria quiero apostar por hacer lo que me gusta mientras pueda o mientras me dejen, evidentemente. Me siento orgulloso de poder ser un poco libre de elegir que hago con mi tiempo de vida en estos momentos. Me siento orgulloso de tener personas a las que quiero, pese a llevarme mejor o peor con ellas. No me importan ciertas dificultades en las relaciones afectivas mientras las dos partes compartamos cariño, e historias , en el tiempo de los objetos y los sujetos. Me siento orgulloso de este blog tan absurdo y gris. Me siento orgulloso de la metáfora que es Constantino Carenado, mi querido seudónimo. Evidentemente puede que el orgullo lo tenga hincado en el cerebro, y no me deje ver ,ni percibir, mi mezquindad. No puedo negar esa posibilidad.

Para terminar. ¿Tiene futuro una sociedad que se siente orgullosa de sus avances sociales y materiales? ¿Tiene sentido una sociedad que se siente orgullosa de intentar ser más justa cada día? ¿Tiene sentido que los cofrades se sientan orgullosos de su hermandad, o de la semana santa? Me siento orgulloso, aunque no lo parezca, de que dentro de sistema social que tanto critico haya cosas buenas, que las hay. Lo que sucede es que escribir sobre cosas buenas en tiempos de vampiros de lo ajeno, ladrones de alta y baja gama, es demasiado considerado. No puedo ser educado ante personas sin moral ni ética. No puedo ser educado ante corporaciones enfermas de codicia. Lo siento. Discúlpenme.

No veo peligro en el orgullo bien entendido, pero puede que esté ciego de orgullo y no pueda ver sus inconvenientes. Pobre y egocéntrico Carenado.
Sí me preocupa, y con esto termino, el momento en que el orgullo se convierte en vanidad y los demás comienzan a ser seres que están en un segundo, o tercer plano. Me preocupa cuando comienza , inevitablemente, la segregación de algún tipo. Y segregar es demasiado fácil. A los humanos nos encanta.


Camuflada está la vanidad. Es tan sutil.

9 de mayo de 2016

Avaricia en el Mundo Codicia.

Ha llegado el turno de la avaricia. La verdad es que, tanto a nivel particular como general, es un pecado capital que constituye un imperio en estos momentos históricos, e ignoro si siempre ha sido así en el tiempo mental de los homínidos. Otra vez ni idea sobre el pasado histórico de este pecado clasificado y reinante.
Reflexiono sobre todos los pecados capitales expresados en este entorno y me entran ganas de llorar, y si pienso sobre La Avaricia hoy , ahora, en lugar de llorar... ¡Berreo!
Puede parecer que estoy siendo muy exigente en todos mis análisis , pero como Constantino Carenado, como indignado pobre, es lo que pienso, siento, y , evidentemente, transmito. Dejo, dejamos, y dejáis mucho que desear, y no tengo miedo de no usar exclusivamente la atractiva primera persona del plural, o el penetrante: nosotros... Los humanos somos, sois, y son, bichos homínidos en toda regla. Lo siento por todas las almas sensibles que puedan ver otras cosas en los comportamientos sociales mayoritarios de nuestra especie animal con cerebro grande, y manos ligeras. La codicia impera y reina sin pudor. Incluso es amada tal cual vellocino de oro moderno. ¡Ja,ja,ja;ja,ja! ¡Ja,ja,ja;ja,ja!


A nivel general es penoso. La codicia, o la avaricia mezclada con la envida perturbadora, constituye un anatema del éxito personal y profesional. La sutil Avaricia, junto a su prima Envidia, nos tiene conquistados. No dudo en incluirme aunque luche contra ella, ya expresaré su aspecto particular desde mi parcialidad.
Parece que no nos damos cuenta, pero es increíble y, a su vez, penoso. Muchas personas intentan compensar esta tendencia con el altruismo, ayudando a los otros pero, aunque es algo precioso y bonito, no es suficiente, no frena la vorágine de la corriente dominante. La cruel corriente del poder estúpido que olvida la grandiosidad de los seres vivos, que olvida su singularidad al clasificarlos para segregarlos, sutilmente, antes que otra cosa. Esa corriente hace que sean tiempos de Maquiavelo.
Recuerdo a una de mis abuelas que lo tenía muy claro, tal como muchas personas de hoy:
- Yo, primero yo, y ,después, yo.
Este asunto de la codicia tiene el corolario del abusón, o abusona. Es ese típico comentario, incluso expresión consabida, donde al generoso es tachado de tonto, o en el peor de los casos, es ignorado, apresado, robado, vilipendiado, o muerto. Y sucede con frecuencia.
Dado que tengo la oportunidad, de momento, de expresarme en libertad e indignación pacífica, pues lo hago. Gracias.
Resumiendo a nivel general, muchas de las filosofías productivas llevan la codicia impresa en rojo. Codiciamos más dinero. Codiciamos más tiempo. Codiciamos más poder, más producción, más beneficios... Codiciamos una silla mejor. Codiciamos una casa más grande. Codiciamos otro barrio. Codiciamos más comodidades... Viajar más lejos que nadie. Codiciamos más de lo que sea...Y aquí, intencionadamente, he usado la primera persona del plural. El sistema en que estamos inmersos se nutre de la codicia constantemente, y a todos los niveles. No hay límites en su vorágine. Y sino participas de esa dinámica, más allá de ser entendido como un fracasado que está inadaptado a una bazofia, eres una rémora, un irresponsable,o cualquier otra lindeza bien intencionada desde el mono-pensamiento de la corriente principal . Desde el dogma reinante, al fin y al cabo. Parece que se está prohibiendo pensar. ¿Pensar es peligroso? ¿Desde cuándo? ¡Venga ya! ¡Pensar es más necesario que nunca!
Hay un forma de codicia muy curiosa y es la de robar a los otros sin que se den cuenta, o se den poca cuenta. En numerosas conversaciones en el tiempo , gente apreciada ha reconocido que ante la tentación de meter la mano en el dinero público, por poner un ejemplo, para su uso particular y de sus personas apreciadas, metería la mano en la saca sin dudarlo. Si se puede robar, se roba a cualquier nivel y dentro de las posibilidades de cada uno. Es ,digamos, el Punto Codicia, o el Punto Avaricia. En mi caso reconozco que sería una tentación y , siendo como soy en estos momentos, recurriría a mi ética animal para evitar ser arrastrado por esa tentación injusta para los otros y su pecado. Una cosa es que quiera que me toque la lotería, o el cupón, por poner un ejemplo, y otra muy diferente es si abusaría de mi posición de poder para beneficiarme económicamente o, también sirve, para robar.

A nivel particular voy a ser bastante breve y conciso.
Codicio todo aquello de lo que quiero más sin tener en cuenta lo que ya tengo. Reconozco que mi codicia , o mi avaricia personal, se ampara en desear intensamente aquello de lo que carezco, de lo que dispongo poco. Codicio para rellenar mi vacío. Mi ansia codiciosa es una tentación permanente que el sistema socio-económico en que vivo lubrica, o “perfecciona”, con gran precisión. La corriente principal muchas veces me arrolla. El mundo me pide codicia, o, repito, avaricia, antes que generosidad.
La cosa de la codicia es que, me guste o no, tengo que vivir con ella como con todos los otros pecados. En resumidas cuentas, y desde el punto de vista de la moralidad cristiana, soy un claro pecador que intenta tener los mejores gestos posibles sin conseguirlo.
En estos momentos de mi vida codicio , sobre todo, dinero y salud para poder dedicar el tiempo que me quede de vida a hacer lo que me gusta. Y en estos momentos Carenados me gusta: escribir, inventar, y estar con las gente que aprecio y quiero reunido o paseando. Jacarandá entre ellos. Mi familia, Ele, Jota, Eme, Elle y próximos a ellos, también.

Posdata 1: a nivel particular codicio más cosas de las expresadas , pero hasta Constantino Carenado tiene límites en lo que puede ,o quiere, expresar. No obstante, no codicio el mal en los otros, ni la desgracia ajena. No codicio la desgracia ajena por la razón que sea. Ahí, a ese lugar tan oscuro, no he entrado aún, ni quiero.


Posdata 2:algunos podéis pensar que me estoy pasando en mis conjeturas pero no es así, porqué la codicia se caracteriza por su vehemencia argumental, y la vehemencia es imposición, es presión hacia los que no participan del deseo vehemente. Cosas de codicia y codiciosos. Cosas de animales humanos avariciosos en sí mismos.

30 de abril de 2016

Comido por la Envidia Sana, si Existe.



Ahora toca, inevitablemente y por seguir el orden de la wikipedia, el escabroso pecado capital llamado: Envidia. Dado el dominio de este pecado en mi vida, donde para minimizar su influencia diferencio entre envida sana y no sana, sin establecer valores intermedios que incrementarían mucho la ambigüedad Carenada, comienzo por la envidia a nivel particular.
Mis envidias deben tener un lugar adecuado dada su perturbación en mi sino, en mi camino vital, pero antes de especificar mis envidias particulares aclarar la diferencia entre envidia sana y no sana. Esta justificación bipolar se apoya en las consecuencias de la envidia tras percibir su influencia. Durante la envidia sana siento un “pesar del bien ajeno” (RAE 1992) que en segundos, o minutos, es alegría, paradójicamente, por el otro y felicita sinceramente a ese otro. A partir de ese momento el ataque de envida para, siquiera aparentemente. Por contra, la envidia no sana genera un “pesar del bien ajeno” (RAE 1992) que no se alegra ni en segundos, ni en minutos, ni por el otro, y aparentemente puede no notarse.
Ignoro si durante el pequeño ataque de envidia sana se está reprimiendo el sentimiento. En mi caso, mi experiencia me ha enseñado que al alegrarme por el bien ajeno mi sentimiento de envidia desaparece a nivel consciente, pero no puedo decir lo que sucede en mi subconsciente, ni en mi inconsciente (por ser freudiano) . Ni idea.


Voy a ser muy directo en mis ejemplos concretos y particulares. La Musa de la Luz, con la que tengo perdido el contacto como amigo al 99,9%, siempre me consideró extremadamente celoso, una consecuencia de la envidia no sana, pues ya no hay dualidad justificante ante el celo perturbador. Discrepo sobre ese celo exagerado que sentí o parecía, pero puede que fuese verdad. Ni idea, otra vez. Sí reconozco, en mi franqueza Carenada, que la envida hacia las mujeres que me han gustado en mi vida, y yo no les he gustado en el 95 % de los casos, ha sido envidia no sana y celo en algunas ocasiones. Pero no he derivado hacia ira alguna. Eso no. He sufrido el sentimiento de celo hasta que ha pasado, aunque tardase en irse, aunque no me dejase dormir.


He sentido envidia porque mi amigo Ele se compre un coche nuevo cada dos años. He sentido envida de sus viajes. He sentido envidia porque la madre de un vecino le comprase un patinete eléctrico a su hijo (lamentable). He sentido hasta envidia virtual por la capacidad de generar entradas de Daniel Marín , o ganar premios en www.bitacoras.com, o la claridad de ideas de Markos (aunque haya reventado) , Francisco Galvan , o Julio. He sentido envidia de Cris, cuando escribía en su blog. He sentido envidia sana de mis hermanos, a los que la vida les va mejor y tienen ideas vitales más claras, más pragmáticas que un servidor con su 'molino de viento' Careagua. He sentido envida de Jacarándá, envidia de la claridad de sus ideas personales y vitales, de su pasado bueno y disfrutado...Y paro aquí para no teclear más inmundicia carenada.

                                  

A nivel general no he conocido a nadie, salvo a algunos familiares muy queridos y cercanos, que reconozca este sentimiento de envidia, sana o no sana según el interior del afectado. Pienso, y repienso, que casi nadie ha reconocido ante mí su envidia hacia algo, incluyéndome a mí como ese algo. Ni idea. Al menos de forma directa y clara. Sí he podido deducir este sentimiento en base a algunos comentarios puntuales de ex-compañeros de trabajo, pero también han sido pocos casos. En definitiva: O la gente no siente envidia, o la guarda muy bien, o participa mucho de la envidia que he llamado sana.
Lo que sí es muy evidente, a nivel general, es que la envidia se utiliza como recurso de venta en muchos anuncios publicitarios. Supongo, en base a su uso sistemático y abundante, que generar envidia en el espectador de forma sutil y provocadora incrementa las ventas del producto anunciado, si no no se usaría tanto. Curiosamente, casi paradójicamente, poco más puedo decir a nivel general sobre este pecado capital.




29 de abril de 2016

¿La Ira de los Pacíficos?

Es el momento de la ira. Mi amigo el nórdico me ha hablado mucho, durante los últimos años, de la ira de los pacíficos, o así creo recordarlo en mi insensatez entre insensatos -lo siento por los que se consideren ofendidos- . Contener la ira, o controlarla siendo pacífico, es tremendamente complicado. Es muy difícil. Siempre será posible que haya alguien que pierda el control. Eso habría que evitarlo con los medios disponibles. Dicho esto, comienzo con mi percepción de la ira a nivel general o global.


Detrás de cada acto violento, que abunda en los medios, hay ira. Es un pecado capital que está a la orden del día y que se fomenta en muchas películas, quizás demasiadas. Justifica actos de forma aberrante y absurda. . A nivel de barrio y vida cotidiana solo he observado ira en alguna pelea de tráfico, o entre borrachos en un bar. Mis vecinos no pasan de la indignación cuando están enfadados pero, gracias a Dios, no pasan de ahí. La indignación, de la que hablaré a nivel particular, es el límite máximo pre-ira que puedo admitir. La ira aparece cuando se llega a la violencia de una u otra manera. La ira es pesadilla, venganza, e infierno. No compensa. Comparar la ira entre homínidos con las agresiones entre animales , por el territorio, por la comida, por el liderazgo, o por la pareja de cópula, no ha lugar. En este asunto de la ira no podemos compararnos con los animales pues, añadiendo la tecnología disponible con sus herramientas, somos mucho más tóxicos y macabros que los otros animales que manejan menos su entorno, que aparentemente son menos conscientes.
La ira ajena posee mucho morbo. Un morbo comparable al que sentían aquellos que en el circo romano observaban luchas de gladiadores, matanzas de cristianos, etc. -aprovechando la influencia gladiator- . Este morbo es una pena. En definitiva, y más allá de los sitios europeos que he visitado en paz, la ira perenne, prima hermana de la guerra, está instalada en demasiados lugares del mundo. Para más inri permite que algunas empresas ganen dinero con la guerra. Flipo ante este absurdo antropomorfo. Es de psicópatas.


Particularmente escribiendo la ira me llama muchas veces, sobre todo cuando mi voluntad se frustra de forma directa o indirecta, y la modulo hacia la indignación, hacia el arte, o hacia la meditación para que no haga estragos en mi mundo ético y reivindicativo. Y entiéndase por “mi voluntad” a aquello que deseo, anhelo, e, incluso, necesito. No me refiero a esa voluntad filosófica que es la que empuja el conocimiento, el saber, la experiencia, o cualquier ente parecido. Esa es otra voluntad filosófica que aún no he comprendido bien. Quizás escriba algún día sobre ella.
Retomando el hilo, mi ira contenida es indignación en el peor de los casos personales. Participé del movimiento 15 M , el movimiento de los indignados, y, para aclarar dudas, Podemos no es el 15M aunque haya utilizado el movimiento, o canalizado ese malestar para su beneficio. El 15M no tenía líderes, ni jerarquía, ni ansias de poder...pero eso se convirtió en patraña cuando se incorporó al sistema de partidos con la excusa de cambiar las cosas desde dentro. Esa mutación populista me molestó bastante, aunque se veía venir.
Mi indignación, cuando surge, procuro que dure poco, menos de un minuto, pues me estresa una barbaridad y me sienta mal. Cuando me indigno ante las injusticias, es para no ser una presa fácil de los psicópatas, pero no puedo estar permanentemente indignado. Implicaría pérdida de control y vería la ira muy cerca.. La indignación debe ser utilizada, pero limitada en el tiempo. Es trabajo de acróbata. Es advertencia muy útil ante el abuso de poder. ¡Ojo! Tiene que darse el abuso de poder, y ese abuso no se da si los cuerpos de policía , por ejemplo, son capaces de reflexionar sobre quienes son sus jefes de verdad, sobre cual es su propósito ¡Cuidado! Señores Policías: ¡Es necesario que penséis en los intereses que estáis defendiendo! ¡Que no sois pretorianos del presente! ¡Ojo! Tenéis que controlar al controlador. No dejéis que se pase. ¡Tenéis que defender al débil, entiéndase al pueblo soberano!

A Jacarandá siempre le disgustó, y mucho, el indignado que hay en mí, porqué ya lo había conocido en otros momentos y lugares, en otras personas. Ella lo relaciona con cierto hábito personal y , más allá de su razón o no, he aprendido a no dejar que surja ante ella pero, querida Jacarandá, sigue ahí para, simplemente, gritar injusticias propias y ajenas. Interiores y exteriores. Frustraciones en tapas y en postres. No puedo ser un manso cordero ante un mundo injusto, aunque la injusticia pueda estar fuera y dentro. Cuando la injusticia está fuera hay que ser acróbata de la indignación para , siendo incómodo, no caer en la ira o, como decía el nórdico, no pasar el límite de la ira de los pacíficos. Hay que hacer como hizo Cristo cuando vio lo que los mercaderes habían hecho en un templo. Se indignó con razón. No dejemos que los mercaderes gobiernen el mundo. Ellos no son más , ni tienen derecho a ser más que otros homínidos.

26 de abril de 2016

La Gula y el Consumo



¡Ay la Gula! ¡Qué tentadora es! Hoy está por todas partes. Voy a comenzar rápidamente por sus aspectos generales en este momento histórico y Carenado. Un momento en el tiempo de los bichos.Un tiempo lleno de personas que se creen más que otras, como cualquier otro tiempo. A fin de cuentas un error que ha permanecido en los siglos, por los siglos. Vivimos un momento histórico en que los que quieren acariciar el poder desean, ante todo, un “quítate tu 'pá' ponerme yo”. Triste, lamentable, y verídico. Se demuestra sistemáticamente cuando los líderes toman decisiones duras y no sufren las consecuencias de sus actos. Es históricamente lamentable. Es triste, muy triste, tal permanencia de prioridades. Pero... ¿No iba a escribir sobre la gula? ¡Jo! Ya estoy como siempre. Voy al grano...

Estamos siendo bombardeados permanentemente por mensajes como estos: ¡Bebe y Come! ¡Serás feliz! Con la botella de tu refresco, o bebida, de la marca Agapito. ¡Que bonito!
Existen mensajes continuos que te pueden llevar, inconscientemente, a ese deseo de satisfacción excesiva en la ingesta . Es constante. Para más inri , y según parece, añaden mucho azúcar a los refrescos porque, por lo visto, son más agradables y crean cierta adicción. De todas formas este asunto de la adicción al azúcar solo lo he leído en lugares originales, o conspiranoicos -que los hay y frecuento por su morbo e imaginación-, pues por otras vías más formales si sé que no es muy saludable consumir mucho azúcar a diario, pero no voy a entrar en el asunto de las cantidades diarias recomendadas (C.D.R.). Paso de eso, dada mi escasez de información y la diversidad de metabolismos homínidos. La diversidad metabólica entre los homínidos es un hecho. Eso sí lo veo claro. Tengo claro que unos toleran mejor el azúcar que otros, tal como pasa con los antibióticos y con los alérgenos.
Resumiendo a nivel general: el sistema consumista en que estamos inmersos fomenta descaradamente la gula siempre y cuando tengas algo de dinero para participar en ella, o de ella. También es cierto que hay corrientes opuestas y reguladoras de la ingesta que compensan tanta insinuación hacia el comer y el beber, muchas de ellas avaladas por especialistas de la medicina y/o la nutrición. En este asunto, agradezco a las corrientes reguladoras su acción, sino fuese por ellas, sinceramente, creo que habría más sobrepeso y obesidad de la que hay entre mis compañeros de camino occidental, pues en algunos países del sur sigue habiendo poco para llevarse a la boca. Absurdo, pero muy real, este asunto del hambre en mundo dentro de un siglo veintiuno repleto de bichos.

A nivel particular voy a ser breve. Participo de la gula contenida con cierta frecuencia. Cómo, no solamente las seis tostadas por la mañana -como muchos comentaristas guasones expresáis con frecuencia-, sino que peco entre horas con frutos secos, para mis caminatas abundantes o escasas. No consumo muchos refrescos azucarados, o no azucarados, si no cerveza sin alcohol durante las comidas y, esporádicamente, una cervecita normal. Todo hay que decirlo.
En mis tres comidas suelo pasar un poco la saciedad, pero no demasiado. Reconozco que me encanta comer y durante el desayuno prefiero masticar solitario, mientras que en el resto de las comidas me gusta masticar acompañado. Bien es verdad, para mi percepción de la cosas, que mientras como me pico, o me puede la envidia sana -que ya explicaré- , llegando a la gula evidente con mucha más facilidad. Digamos que comiendo acompañado me 'jarto' , como se dice por aquí e ignoro por allí. Aunque cada vez me 'jarto' menos. Debe ser la edad , o el miedo a aumentar mi sobrepeso.
Este pecado capital se hace muy evidente ante mí, o en mí. Solo una vez en mi vida hice ayuno. Fue cuando estaba en mi amada y arcaica asociación Amigos de África, y duró veinticuatro horas exactas. ¡Fue tremendo! Y no he vuelto a repetir tal renuncia. El hambre en el mundo de hoy me sigue pareciendo un gran absurdo, una gran demostración de qué, antes y después, somos bichos. Gula versus hambre y absurdo. El mundo de hoy es una pena en una vía muerta de psicópatas que se creen buenos


Posdata: La asociación Amigos de África es arcaica ,antes que actual, porqué no me apetece retomar caminos perdidos en el tiempo. Grima antes que pereza. Pasaron muchas cosas y el mundo sigue igual, o peor. . Quizás haya muerto mi ilusión utópica. Pobre Carenado.

25 de abril de 2016

La Pereza Atascada.



Ahora le llega al turno a la pereza. La verdad es que, antes de realizar los análisis general y particular, necesito un preludio, un inicio. Es decir, necesito una parrafada Carenada cuyo sentido sea inferior a cero, pero sea sentido. La pereza y la "perreza" se parecen demasiado, cosa que ya me escama en un principio. Además, si me remito la RAE (1992), encuentro un montón de acepciones. Una de ellas habla de obligación, otra de tardanza, y existe otra relacionada con emprender...Inevitablemente me muevo en unas circunstancias parecidas a la de la lujuria. Ya estoy temblando tras utilizar mi capacidad de pensar para hacerme preguntas.

¡Carenado! ¡La razón te engaña! ¡No deberías hacerte preguntas! Eres un animal vago. Ya está. Es tu molde, tu “moldecito”. ¡Que no quieres trabajar! ¡Hombre! ¡No te engañes a ti mismo! ¡No nos engañes!

Tecleado este preludio, de carácter inútil y relleno, toca una visión general de este pecado capital que tanto asusta, por ejemplo, en la evaluación de los trabajos por cuenta ajena e, incluso, propia. Es indeseable para muchos que los tachen de perezosos. En algunos trabajos que he tenido era de las peores cosas que podían decir sobre uno. En la fresa la pereza estaba relacionada con el número de cajas que cogías en la peonada de siete horas, con media hora más para almorzar. Y en la venta con la cifra facturada por tus clientes, sin tener en cuenta su volumen de facturación anterior o el vampirismo de clientes de tu jefe de ventas.
A nivel general la pereza da miedo, aunque de forma directa nunca he observado que llamasen perezoso a alguien, aunque pasando hilo en un pueblo de Jaén un compañero que tenía que pasarme el hilo dentro de una pre instalación solo hablaba , y hablaba, con su nueva novia. Fue una prueba muy dura. ¿Era pereza del compañero, o cara dura? A nivel general, y pese al miedo de ser juzgado como perezoso o vago, que también vale, es un concepto que es insulto. Como pecado capital de facto es un pecado que suele camuflarse de distintas maneras. No obstante dudo mucho de que la auténtica pereza sea detectable en un mundo básicamente hipócrita. Considero que se justifica con argumentos de camuflaje para que no surja la idea en los otros. Es un asunto tremendamente sutil.
Hoy existe una “pereza” muy relacionada con una palabra muy común en la prensa , y en la industria, que se llama: productividad. ¿Qué relación existe entre la pereza y la productividad? ¿Existe? ¿Parece que existe? ¿Es real? ¿Hay personas que se tiran al palo en su trabajo remunerado? ¿Todas las personas pueden desarrollar la misma tarea con la misma perfección y rapidez? ¿Se trata de un problema de herramientas y materiales disponibles para producir? ¿El que realiza el juicio puede juzgar? ¿Quién controla al controlador?
Está muy extendida la idea de que la propia pereza está relacionada con la hora de levantarse por la mañana. Parece circular en el aire de las sociedades locales que levantarse tarde es signo de pereza, sin tener en cuenta, porque importa un rábano, la hora a la que la persona juzgada se ha acostado, y menos aún las razones que había detrás del retraso en acariciar el catre.


A nivel particular reconozco en mi franqueza que me da miedo que me llamen vago, aunque puntualmente haya caído en la pereza cuando he iniciado una tarea obligada e, incluso, voluntaria. Digamos que mi máximo contacto con la pereza ha sido, y es, durante el arranque de las tareas, siquiera a nivel consciente. Una vez estoy en ellas las realizo con la mayor pulcritud y disposición desde mis recursos personales. Digamos que pongo la carne en el asador.
Para terminar, expresar que tengo miedo de que los demás me consideren perezoso, cosa que quizás consideren con frecuencia, pero es un pecado, en oposición a su virtud, que no siento que me domine demasiado. Es lo que puedo escribir en estos momentos carenados de mi vida, aunque pueda estar equivocado.


En conclusión inicial, tras dos pecados capitales expresados, entiendo la necesidad de los pecados como referentes morales negativos del comportamiento homínido del pasado, más allá de las religiones de las que surgieron. 
Siempre he deseado que se hablase más de las virtudes, pero pocas veces ha sido así. Ignoro la razón de este negativismo imperante e imperado. Ignoro, incluso, la razón de que lo mandamientos de la ley de Dios casi siempre empiecen por la palabra: NO. ¿No?


Posdata: la palabra pecado está cayendo en desuso. Entiendo que pueda sonar arcaica, pero sus acepciones siguen estando muy de moda, aunque haya que entender su profundo sentido dentro de las sociedades del pasado . Está muy claro que generaban un cierto orden, y afectaban a muchos de los miembros de la religión que fuera o fuese. ¿Por qué? ¿A muchos, o a todos?

24 de abril de 2016

La Lujuria y el Fractal



Bueno. Dicen que lo prometido es deuda, así pues comienzo por el primer pecado capital que, curiosamente, es uno de los más incómodos para mí. Espero no comenzar la casa por el tejado.

Evidentemente, dada las múltiples visiones sobre la lujuria muchas veces enfrentadas, es menester que aquellas personas sensibles que pasen por aquí no continúen leyendo este documento de hoy. Lo comento para no herir sensibilidades. Gracias.

Me resulta curioso que en pleno siglo XXI tenga que tener cuidado, y mesura, al escribir sobre este tema. Es, sinceramente, una pena. Sobre todo cuando solo pretendo transparencia y franqueza con un toque razonable de educación no reprimida.

Antes de ver la lujuria en mi y en los demás, quiero definir que la idea de lujuria no es igual para la mayoría de los hombres o mujeres. La percepción pública de este “pecado” no es igual entre hombres, ni entre hombres y mujeres, ni entre mujeres juntas. No puedo decir nada sobre los homosexuales pues no he conocido su estado de lujuria, siquiera de forma posterior a su guasa. Trabajé con homosexuales en la fresa, y siempre estaban de guasa. No pasé, por falta de interés, de esa relación de compañero. Eso sí, las peonadas con ellos eran más llevaderas.


En términos generales, siempre desde mi visión inevitablemente sesgada, y dado que la lujuria es un “apetito desordenado de los deleites carnales” (RAE 1992), entramos , inevitablemente, en la ambigüedad. Me lo veía venir. En base a mis observaciones diversas en diversos homínidos, para unas personas entrar en la lujuria es una cosa sencilla que puede atraparte con una simple mirada, con un pensamiento, o con una secuencia de ellos que solo quedan dentro de la mente, y que hay que controlar para que no dominen el presente. Para otras personas la lujuria está emparentada con visitar prostíbulos, con ser infiel a la pareja, o con consumir pornografía gratuita o de pago. También hay visiones intermedias entre estos extremos. Poco más puedo decir en términos generales. Si quiero añadir que el mundo del deseo sexual y el de la lujuria están muy próximos en muchos enfoques ideológicos que solo desplazan la zona intermedia hacia un lugar , o hacia el otro. Es como un tira y afloja, según con quien hables. El equilibrio , si se escuchan todas las partes, es difícil. Siento expresar que la lujuria como apetito desordenado está emparentada con la propia moralidad parametrizada alrededor los apetitos eróticos y sexuales del sujeto.


                                           Imagen bajada desde Internet. Gracias a su autor o autora.

A nivel particular, tal como había prometido en la estructura de cada una de estas reflexiones absurdas y carenadas, la cosa se complica mucho. Según mi propio enfoque el erotismo de la ropa ajustada que realza las formas de una mujer, por ejemplo, es erotismo y forma, antes que lujuria. La lujuria llegaría si hubiese un desorden personal ante ese estímulo y belleza natural. Para mí observar una mujer guapa no es lujuria, y hacerlo delante de otras mujeres es de poca educación.
En mi concepción de las cosas la lujuria es desorden y como todo desorden, en oposición a cualquier orden, es complejo de definir. Desgraciadamente pienso así. Me remito a la paradoja de los fractales e, incluso, al origen y existencia de la vida que, aparentemente, va en contra de algunos conceptos termodinámicos. ¿Orden en el caos?

                                            Imagen bajada desde Internet. Gracias a su autor o autora.

Donde comienza el desorden lujurioso: ¿En los actos? ¿En los pensamientos? ¿En la imaginación? ¿En la suciedad? ¿En no hacerse las preguntas adecuadas? ¿En respuestas establecidas por otros?

Es evidente , para mí, que mi concepto de lujuria tiene que ver mucho con mis referentes éticos, estéticos, morales y aprendidos en el tiempo de las personas. Para mí, mi lujuria nace de saltarme esos referentes de alguna forma o manera animal. Y ocasionalmente surge, sin saberlo, desde un sentimiento de culpa surgido tras un juicio externo. Es lo que puedo decir en estos momentos de mi extraña vida carenada.

14 de abril de 2016

Los Pecados Capitales



Cuando era adolescente una tía mía, a la que quiero mucho, me regaló un libro sobre los siete pecados capitales. Hasta ese momento no los conocía, y ahora , para mi pesar, los conozco estupendamente. Es evidente que sobre este tema se han realizado muchos escritos, y hasta películas como Seven. Película “Yanki” interesante y salvaje donde las haya. Constantino Carenado, pese a su indignación que casi es ira, no podría haber realizado algo así ni en un guión, al tratarse de una historia demasiado cruel. Cruel como muchas historias que navegan en cines, series de televisión, y libros. La violencia abunda demasiado en todos los medios de comunicación, y de expresión artística de mayor o menor calidad: películas, series de televisión, libros, videojuegos... Es bochornoso y muy real.


Pues recientemente he vuelto a reflexionar sobre estas ideas, o pecados capitales, con una amiga que es maestra. Dados los tiempos que vivo, considero necesario una pequeña saga sobre ellos. Una pequeña serie de textos donde trataré los siete pecados capitales desde mi penosa visión Carenada.

Evidentemente estos siete pecados capitales tienen un referente claro en la moralidad cristiana y su reflejo inevitable en el mundo de la ética e, incluso, en el de la estética. No hay ideas aisladas. Las ideas se conectan en el tiempo e influyen sobre otras ideas. Nosotros, los homínidos, solo somos mensajeros temporales de ellas. La moralidad cristina está llena de buenos propósitos que raramente se cumplen, pues no he conocido homínido que no se haya dejado arrastrar por uno o varios de estos pecados morales. Es lo que he observado, guste o no.

Estas entradas siguientes, en que algunas me resultarán muy incomodas, serán reflexiones sobre mi moralidad y ética e, inevitablemente, sobre vuestra moralidad y ética. Sobre la moralidad observada en terceros en el camino de mi subjetiva vida, y sobre mi moralidad observada sobre mí mismo. Todo ello con las limitaciones propias de un animal declarado como el que ha tecleado este texto de hoy.

Espero que os guste la saga. En ningún momento buscaré ofender, sino ser franco o sincero. En los textos que siguen, tal como en muchos anteriores, habrá subjetividad ,e incluso parcialidad. Es inevitable. La parcialidad existe en toda reflexión filosófica, o no filosófica. Existe en toda opinión. Un ejemplo: muchos pensadores besan sus ideas, pero yo no puedo. En mi caso solo beso a Jacarandá cuando se deja, cuando me deja.